I Congreso Internacional – Educación Católica para el S. XXI

Vicente MorroEntre los días 28 y 30 del pasado mes de abril se celebró en nuestra ciudad el Congreso que da título a este artículo. Organizado por la Universidad Católica San Vicente Mártir de Valencia, impulsado y presidido por D. Agustín, con asistencia de importantes figuras del mundo académico y eclesial y seguido por gran número de asistentes, ha sido, sin miedo a exagerar, un gran acontecimiento. Un acontecimiento de carácter diocesano o eclesial –la Iglesia, o sea, todos nosotros, se ‘sienta’ a reflexionar sobre una de sus tareas más importantes: llevar la fe, la esperanza en Jesucristo Resucitado como respuesta a las necesidades y problemas del hombre actual, a nuestra sociedad a través de la cultura y su instrumento básico de transmisión, la educación-. También un acontecimiento académico: una de las mayores críticas que, según confesión pública de su Director, se hacían al Congreso es que era ‘demasiado denso’. No podía ser de otro modo. Hay mucho trabajo que hacer, ¡y de manera urgente! No podemos olvidar –aunque dichas en otro contexto, son aplicables también a este campo- las palabras del Evangelio: “La mies es grande y los obreros son pocos”.

Decíamos que había sido un acontecimiento eclesial. La organización por la Universidad Católica de nuestra Archidiócesis no es el único dato que confirma esta aseveración: La presencia y presidencia de D. Agustín, con su clarificadora ponencia de clausura, y del cardenal Grocholewski, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, con su interesante ponencia inicial que discernía qué es y cómo debe ser una educación que se reclame católica; la constante referencia al Magisterio, en especial al más reciente de Benedicto XVI y Juan Pablo II, y a la Tradición –Padres de la Iglesia (excelente ponencia de Philip Renczes), autores cristianos clásicos y modernos (Santo Tomás, Calasanz, Don Bosco, Edith Stein, y también Giussani, Ratzinger, …)-; la participación de gran número de asistentes no vinculados directamente al mundo académico educativo: familias, asociaciones, movimientos.

Habíamos dicho antes que fue un momento de reflexión sobre una de las tareas más importantes de la Iglesia, pero es necesario no confundirla con la principal tarea de ésta: la catequesis, el anuncio directo de la Buena Noticia, la evangelización y, en nuestro tiempo sobre todo, la “nueva evangelización”. No es lo mismo catequesis que educación católica. La catequesis, a partir del envío –en diversas formas- como ‘misión eclesial’, es la transmisión a los hijos, a los catecúmenos, a los hombres de buena voluntad que quieran escucharla y aceptarla, de la experiencia personal, vivida –testimoniada- y hecha acontecimiento y encuentro personal, de la fe. La educación católica es la presentación, la expresión razonada, la propuesta, de los contenidos de la fe a todos los hombres de nuestra generación en el ámbito de la cultura.

No se puede ser católico sin catequesis, sin testigos o enviados que transmitan la fe. En cambio, se puede recibir una excelente formación católica y, en uso de la libertad individual –que la Iglesia siempre respeta, “la fe no se impone, se propone” nos han dicho los dos últimos pontífices-, no adherirse a la Iglesia. Precisamente, uno de los objetivos de la educación católica es ayudarnos a transmitir mejor la fe. Ayudar a nuestros contemporáneos a conocer mejor a la Iglesia, a desmontar los tópicos y prejuicios que sobre ella alimentan muchas personas debido a la ideología dominante, laicista, burguesa y hedonista. La catequesis nos ayuda a adherirnos a la fe y la educación católica nos ayuda a conocer la fe. La educación católica nos enseña la verdad sobre el hombre y la catequesis nos hace vivir esa verdad en nuestra vida cotidiana.

Verdad, libertad, responsabilidad, fueron algunas de las ideas y conceptos que aparecieron en casi todas las ponencias. La educación católica es un servicio que la Iglesia presta a todos los hombres: el anuncio de la Verdad es un bien que se propone y que, al hacernos libres, nos capacita al mismo tiempo para adherirnos a ella.

 

Vicente Agustín Morro López
Presidente A.P.A
Colegio Sagrada Familia Patronato de la Juventud Obrerade Valencia

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