Familia y personalización

Rvdo. Miguel VillalbaEn un contexto social es donde siempre se realiza el proceso educativo, porque es en él donde tiene lugar la comunicación interpersonal. Lo que nos hace reconocer la importancia tanto de la familia, como de la escuela, y la sociedad: amistades, ambiente, medios de información, etc. Fuera de estos ámbitos es impensable la educación. Y aún podríamos decir más, es precisamente dentro de relaciones continuas e intensas donde tiene lugar una mayor eficacia educacional.

Mal servicio les prestaríamos pues a nuestros niños, si en algún lugar de estos faltara ese diálogo, esa atención constante, esa preocupación por su madurez a la que denominamos educación, y ésta por supuesto integral. Esta importante función, mejor dicho: misión, es la que tienen los padres si desean prestar un verdadero servicio a la vida, ya que éste no puede quedar reducido al plano biológico, sino que debe prolongarse en cuidado y preocupación, en compañía y en comunicación a lo largo del proceso evolutivo de su hijo.

Al margen de la familia y de lo social es impensable la educación, pero les corresponde a los padres el protagonismo en esta importante tarea. Otras instancias solo serán colaboradoras según el “principio de subsidiaridad”. Les corresponde a los padres ser los primeros educadores de sus hijos por el hecho de haberles dado la vida. Pero éstos no deben olvidar que la verdadera educación es la que promueve el desarrollo armónico de las condiciones físicas, intelectuales y morales. Ha de promover consecuentemente el sentido de la responsabilidad y la consecución de la verdadera libertad.

¡Que importante es el tiempo que unos padres dedican a sus hijos! ¡Cómo manifiesta el comportamiento de un niño las relaciones interpersonales, la comunicación existente en el seno familiar! A veces da la impresión que vivimos en la era de la subvención, todo queremos que nos lo ofrezcan los demás, pero aquí topamos con algo que cualquier padre responsable no puede delegar: la educación de sus hijos.

No dudo que existan tareas importantes a las que haya que dedicar mucho tiempo y consecuentemente mucha atención, pero es una pena que cuando ya no hay remedio sea entonces cuando algunos padres manifiesten públicamente: no me di cuenta que mi primera empresa era mi familia, eran mis hijos. ¡No tenía tiempo para ellos!

El más noble derecho-deber que tienen los padres es el de la educación de sus hijos, el de prepararles para que algún día desempeñen particulares papeles como miembros de una sociedad. Para que algún día participen eficazmente en la cultura que no es sino el alma de la sociedad de la que son miembros. Esta es la gran tarea de la familia: la promoción integral de sus miembros, ayudarle al otro a que sea lo que está llamado a ser. Este es el verdadero amor paterno-materno.

Rvdo. D. Miguel Villalba Villalba

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